Dime cuándo, cuándo, cuándo…



¿Para cuándo tengo mis zapatos Louboutin?

Ésta es la pregunta del día. Y de fácil respuesta. Sólo participando en  El concurso Pulpower ya puedes ir preparando tus piececitos de Cindarella para ponerte tu par de zapatos del modelo Kate de Loubutin. E incluso podrás ser, si lo deseas, testadora de los productos que más te gusten a cambio de dar tu opinión, registrándote y validando tu cuenta de correo. Yo ya me veo vestida con unos jeans de pitillo y mis Loubutin pisando fuerte y hasta subiendo escaleras. Por eso, le dedico 10 minutos diarios de mi tiempo al concurso para lograr mi objetivo. Aiii, si todo fuese tan fácil como eso…

Pero lo que a mi me tiene ocupada es observar la curiosa forma que me pasa el tiempo. Hay sucesos que pasan inesperada y muy ajetreadamente, aun sabiendo que tenían que pasar. Y estando preparada, no me he dado cuenta, que ya pasó. Y luego existen las otras cosas, que las esperas y parece que nunca vayan a llegar y se hacen de rogar.

Todos nos habremos preguntado alguna vez ¿qué pasa con los tiempos? Hay veces que deseamos con vehemencia vivir una experiencia, ser una nueva y mejor persona, subir de estatus, deseamos vivir con alguien, una relación concreta, seguimos nuestros ideales. Queremos tener, conocer a nuestros hijos, verlos crecer… Pero el tiempo no parece pasar de igual manera. Y las cosas no llegan siempre de la forma que queremos, aunque las busquemos y nos hayamos enfocado hacia ellas como quien apuesta todo su dinero en la lotería de Navidad.

El que espera se desespera y la pregunta del millón es ¿Cuándo?
¿ Y si cuándo estas cosas me llegan ya no soy la misma que antes?. ¿Y si cuándo  éstas llegan, ya no me importan como antes y ya no tienen el mismo valor para mi?. ¿Y si ya no las puedo usar?. El tiempo todo lo cura y puede incluso hacer que se pierda el interés por esa misma idea. Con el tiempo se puede perder hasta el tiempo. ¿Qué pasa si la ilusión se desvanece y aquél fuerte amor y aquellas ganas de vivir que antes sentía ya perdieron su mágia y no me hacen vibrar ni un solo pelo de mis pestañas?. Estas cuestiones son las que me hacen pensar que quizás, quizás y sólo quizás el mejor regalo que la vida nos ofrece es el tiempo. Ese factor terrenal que en principio es “gratis”, a no ser que un@ viva al día,  con el tiempo justo, o que lo tenga hipotecado. En este supuesto seríamos los esclavos de los propios deseos, pasiones, ideas e ilusiones o de lo que sea que estemos pagando con nuestro tiempo. Nuestro don sería saber qué hacer con nuestro tiempo. Saber si queremos tiempo o dinero. Si lo queremos para nuestra vida o para regalárselo a un ser querido, especial, valioso; merecedor de nuestro tiempo.

Quisiera refierirme a ese tiempo indefinido de vida con el que nacemos, que de entrada podemos derrochar como los multimillonarios hacen con su dinero.

A veces el tiempo pasa como un rayo. Escuchamos a menudo “ha ido todo muy rápido…”. Pero otras veces es justo lo contrario todo se relentiza, poniéndonos desesperados de tanta espera. Y es que ya lo dicen que lo bueno se hace esperar. Lo que no sé yo es si esta espera es buena. O si cuando por fin nuestro objetivo llega, éste todavía es valioso y tiene la misma importancia y nos hace igual de bien que cuando teníamos expectativas cuando formulamos el deseo.

Hay quienes gozan y se regodean de qué con la fuerza de la atracción del Universo algo muy deseado, con el tiempo, el Cielo se lo ha dado. ¡Dichosos de ellos! Que dominan ese Arte concedido. Corazón consentido. Aunque hay también quienes alertan de qué hay que tener cuidado con lo que se desea. No sea que se cumpla con creces o, peor aún, te venga multiplicado por 1000… Hombre, mujer, si hay que venir multiplicado, que sea algo bueno. Y ¡por las barbas de Neptuno! Vamos a controlar  en qué ocupamos nuestros pensamientos o visiones de cómo queremos ver(nos). Y sobretodo seamos optimistas y dejémos al Universo hacer. No vayamos a pensar que se va a fijar en un día concreto que hayamos deseado algo con sentimiento difuso, con fuerzas vacías cuando nos focalizábamos hacia un deseado echo o estado. No pensemos que incluso el Universo puede malinterpretarnos, porqué entonces, a ver si se vuelve en contra de lo que realmente anhelamos. Que un día malo, y bueno también, lo puede tener cualquiera y no por eso nos estamos condenando o afortunando.

A mí sí que me ha pasado eso de verme haciendo algo que me gustaría y luego, al cabo del tiempo, me pasa. De echo me ha pasado ya varias veces. Algunas hasta me ha pasado de largo. Afortunadamente, me doy cuenta y tengo la entereza de aceptarlo y disfrutar o desear que lo disfruten cuando veo mi deseo cumplido en los demás.

Si lo pensamos bien, a veces el mejor regalo es nuestro tiempo, el que podemos dedicar a los demás. El que recibimos como calor de nuestros seres queridos. El tiempo se puede dar y dedicarlo. Pero no veo sano mendigarlo. Si se regala tiempo se hace de corazón, con iniciativa propia. Todos los regalos deberían cumplir este esencial requisito y no otros estándares culturales basados en el compromiso.

Si lo miramos bien, el tiempo es el único regalo que no se puede devolver. Po eso es el que no podemos olvidar.

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